Preámbulo

Hace unas semanas se celebraron elecciones municipales en España. Uno de los ediles elegidos en Madrid fue designado como Concejal de Cultura de la ciudad. Con esto de que las redes sociales son una biografía en tiempo real de nuestras vidas, sus adversarios políticos y medios de comunicación (de color opuesto, obviamente) buscaron en sus publicaciones y encontraron un tweet del año 2011 y otro del 2013, si no ando muy equivocado, donde hacía “mofa” sobre temas relacionados con delitos tipificados y tuvo que dimitir a las 48 horas. No entro a valorar si los tweets son pertinentes, si están descontextualizados o si son dignos de un servidor público porque ya se ha escrito mucho y muy bien sobre el tema.

Quiero quedarme con el impacto de nuestra biografía digital que nosotros mismos escribimos cada día porque, quizás, muchos aún no son conscientes de ello.

Nuestra huella digital

Después de 10 años de redes sociales, de web 2.0 y de interactividad, especialmente super utilizadas en los últimos 4 ó 5 años, aún hay gente que no es consciente de la trascendencia de la huella digital que dejamos en Internet.

Que alguien hurgue en nuestro pasado en busca de lo que hayamos hecho es lo más normal del mundo. Ha pasado siempre. La diferencia es que ahora lo tienen algo más fácil gracias a lo que publicamos en Internet. Textos, fotos, vídeos, documentos, pensamientos, charlas, etc…nuestras y de nuestros contactos. Nada nuevo bajo el sol.

Una vez más el problema no es la red sino el uso que de ella hacemos. Lo que demuestra esta y otras historias como esta es:

  1. Antes de publicar, pensar. No se trata de autocensurarse, se trata de comportarse y decir lo mismo que harías y dirías en un entorno social físico. Obviamente si no eres una persona o marca educada, harás allí lo mismo que en el mundo físico y el resultado final será exactamente el mismo.
  2. Ten una vida (digital) coherente. Si tienes una idea política clara, defiendes unos colores futbolísticos o te metes en un debate de los llamados “estériles” o controvertidos, tienes que ser capaz de defenderlo después, de mantener tu posición y asumir sus consecuencias a la hora, por ejemplo, de encontrar trabajo.
  3. Puesto que es imposible separar nuestra vida personal, con todos los excesos que no nos importe compartir, de nuestra vida profesional, hay que ser responsable con lo que digas que pueda ser contradictorio con la marca a la que representas. Ya nos conocemos todas esas historias de infuencers compartiendo fotos para promocionar un smartphone concreto donde queda registrado que se ha hecho con el de la competencia.
  4. No esperemos que la gente/usuario contextualice, lea, analice, escuche distintas versiones y después opine. No, no lo harán/haremos. Y por mucho que nos pongamos a decir que hay que educar en valores, que sí, esto también va de cultura y forma de ser. Y nosotros somos así (aunque sea una frase maldita y que suene a excusa). Más si hablamos de política o de adversarios en algo. Hay que estar permanentemente preparado para cualquier crisis (de vuelta, entonces, a los puntos 1 y 2).
  5. Las marcas deberían ser las más conscientes del impacto negativo que puede tener la actividad personal de sus empleados en la red (y de la positiva también, claro). Por eso es importantísimo la formación interna. Para ambas cosas. Y deberían, sobre todo, escuchar a los profesionales que se mueven todos los días en esta especie de jungla y no dejar su actividad en manos de cualquiera.
  6. Obviamente existen muchas herramientas y formas de decir burradas en Internet y que sólo se entere una pequeña parte de los que te siguen pero el riesgo de que eso se filtre más allá de tu time-line es demasiado alto.

Por supuesto, repito, no debemos irnos al otro lado, a la autocensura. Eso sería casi peor. Pero metámonos en la cabeza que la huella digital existe y que Internet no solo no olvida sino que todo vuelve. Por más que en Europa tengamos eso llamado “ley de derecho al olvido” que, desde mi humilde punto de vista, viene a ser algo así como todas las leyes antipiratería. Y lo segundo que debemos tener claro es que desde el momento que abrimos una cuenta en una red social, o incluso sin tenerla, empezamos a crear nuestra marca digital. Para unos será muy definida, visible y robusta y para otros no. Pero marca al fin y al cabo.

¡Que tengáis una feliz semana!

Imagen del post bajo licencia cc de Andrew E. Larson